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El futuro de la movilidad urbana era…

José Tomás Gómez

El futuro de la movilidad urbana era… un patinete

Lo hemos visto en las películas, desde “Metrópolis” de Fritz Lang (1927), hasta “Blade Runner”, de Ridley Scott (1982); coches voladores, autopistas casi por el cielo, entrecruzándose en enlaces infinitos. Hemos visto también en América, autopistas urbanas de cada vez más carriles por sentido, auténticas madejas de enlaces que despliegan y retuercen las calzadas. Conocemos autopistas bajo los ríos de la ciudad, como la M30 de Madrid, trenes metropolitanos bajo tierra en grandes y medianas ciudades, y enlaces aéreos en los que los automóviles sobrevuelan nuestras cabezas al pasear.

También sabemos por viajes a Sao Paolo, la gran capital de Sudamérica, que los rascacielos disponen de un helipuerto desde el cual los ejecutivos, al llegar el viernes al mediodía -sorteando los gigantescos atascos-, tomar su helicóptero hacia su casa de campo y para regresar el domingo a la ciudad.

Vimos también en las películas documentales de los Lumière, caballos y mulas desplazando atropelladamente carretas en las calles de Lyon. Disfrutamos a David Lean filmando en “Locuras de Verano” a Katharine Hepburn en Venecia, desplazándose por la ciudad en góndola. Vimos también a Plácido, en la película de Berlanga, con su motocarro nuevo, y a Pepe Isbert en su “cochecito” a motor junto a otros amigos, en la película con el genial guion de Azcona.

En viajes también visto limusinas en Nueva York, ciclistas en Ásterdam o en Sevilla, motocicletas en las ciudades del Levante de España o en Nápoles, autobuses de dos pisos en Londres o tranvías en Praga o en Lisboa bajo el trenzado aéreo de las catenarias.

Vemos ahora en las calles de las capitales a directivos, oficinistas, jóvenes, turistas,… silenciosa y civilizadamente desplazándose en el artefacto de moda.

Resulta ahora que el futuro de la movilidad urbana era… un modesto patinete.

José Tomás Gómez es ingeniero de caminos